Retenciones: la participación del Estado en la renta agrícola llegó al nivel más bajo en 5 años


Tras la baja de las retenciones, la participación del Estado en la renta agrícola cayó al 58% en el primer trimestre del año, marcando su nivel más bajo en cinco años y medio, según el informe trimestral de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA). La reducción de los derechos de exportación (DEX) y una leve mejora en los precios de los granos contribuyeron a esta disminución.

El estudio de FADA indica que la carga impositiva sobre lo producido por cada hectárea descendió desde el 64,3% registrado en diciembre pasado al 58% en la actualidad. Para encontrar una cifra más baja es necesario remontarse a septiembre de 2019, cuando se ubicó en 56,4%. En términos prácticos, de cada 100 pesos que genera una hectárea, 58 van al Estado y 42 quedan en manos del productor, una mejora con respecto a los 64 pesos que se llevaban los distintos niveles de gobierno en la medición anterior.

El impacto de las retenciones en la renta agrícola

A pesar de esta reducción, la carga impositiva sigue siendo alta, explicó Nicolle Pisani Claro, economista jefe de FADA: “Más de la mitad de la renta agrícola sigue en manos del Estado. Si esa mochila fuera más liviana, habría más inversiones, producción, empleo y consumo”.

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Pisani Claro detalló que la disminución de la carga impositiva se debe a la baja temporal de los DEX y a una leve recuperación en los precios de los granos. En este contexto, la economista planteó la posibilidad de eliminar completamente las retenciones y sus efectos: “Si la reducción fuera definitiva, los beneficios serían mayores, ya que menor presión fiscal incentiva la inversión y la producción, generando empleo y un círculo virtuoso para la economía”.

Su colega Antonella Semadeni reforzó esta idea al afirmar que “una menor carga impositiva permite destrabar la economía y dinamizar el sector agropecuario, lo que impacta en el crecimiento general del país”.

Distribución de impuestos en el agro

El informe de FADA mide el porcentaje de la renta agrícola destinado a impuestos en los tres niveles de gobierno: nacional, provincial y municipal. En el último trimestre, los impuestos no coparticipables representaron el 57,7% del total, los coparticipables el 34,2% y los tributos provinciales y municipales el 7,1%.

Por cultivo, la carga fiscal varía considerablemente:

  • Soja: 62,4%
  • Maíz: 49,7%
  • Trigo: 72,6%
  • Girasol: 55,1%
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Mientras el índice FADA nacional se ubicó en 58%, algunas provincias registraron valores diferentes debido a variaciones en costos, producción e impuestos locales:

  • Córdoba: 59,1%
  • Buenos Aires: 55,9%
  • Santa Fe: 55,7%
  • La Pampa: 57,2%
  • Entre Ríos: 62,5%
  • San Luis: 56,1%

Pisani Claro explicó que “cada provincia enfrenta una realidad diferente en cuanto a rendimiento, estructura de costos e impuestos locales, lo que genera disparidades en la participación del Estado en la renta agrícola”.

El estudio también señala que los impuestos nacionales no coparticipables, como las retenciones, representan un 58% de la carga fiscal, lo que impacta en el federalismo fiscal. “Estos impuestos significan una salida de recursos de las provincias productivas hacia el gobierno nacional”, puntualizó Pisani Claro. La reducción temporal de las retenciones ayudó a reducir la proporción de estos tributos a su nivel más bajo desde 2020.

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El impacto de otros impuestos y costos

Si bien la carga tributaria general disminuyó, el índice FADA no cayó aún más debido a incrementos en los impuestos provinciales y municipales. “Los aumentos en el Inmobiliario Rural oscilaron entre el 20% y el 190%, mientras que en varias jurisdicciones las tasas viales municipales subieron considerablemente”, detalló el informe.

El estudio también destaca que el incremento en los costos de producción incidió en la rentabilidad del sector. Mientras que los precios de algunos insumos en dólares oficiales se mantuvieron estables o bajaron, los costos de labores y fletes aumentaron entre un 3,5% y un 5,5% en pesos desde diciembre. Comparado con el año pasado, las labores son entre un 20% y un 37% más caras, mientras que los fletes subieron un 60% en un contexto de inflación interanual cercana al 53%.

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El costo del transporte sigue siendo un factor determinante para la rentabilidad agrícola. En algunas provincias, hasta dos de cada diez camiones de maíz están destinados exclusivamente a cubrir los costos de flete. En Buenos Aires y Entre Ríos, este porcentaje baja a 1,5 de cada diez camiones, mientras que en Santa Fe es de uno de cada diez.

Por otro lado, la relación entre insumos y producción mejoró levemente. “Hoy se necesitan menos toneladas de maíz o trigo para comprar una tonelada de UREA en comparación con hace un año, lo que indica una mejora en el poder adquisitivo de los productores en términos de insumos”, concluyó Semadeni.

El informe de FADA muestra que la baja temporal de retenciones tuvo un impacto directo en la reducción de la carga impositiva sobre el agro, marcando el nivel más bajo en más de cinco años. Sin embargo, la carga sigue siendo alta y los costos de producción continúan en aumento. Para muchos economistas y actores del sector, la eliminación definitiva de las retenciones podría ser clave para potenciar la inversión, aumentar la producción y generar más empleo en el país.